Hacia aun mas calor que ayer esta tarde, empiezan a verse la terrazas mas livianas de ropa. Como en la cancion, la primavera ha llegado y las chicas empiezan a quitarse ropa.
Todo se ha llenado de verde, y dentro da nada tendre la casa llena de bichos que entran por la terraza. Pero aun asi, merece la pena la imagen salvaje que muestra la naturaleza, en los limites de la ciudad, porque yo si, en segundos estoy en medio de ella.
La terraza del Mirador de las Monjas ya esta llena cada noche, volveremos calquiera de estas a cenar ahi y oler un rato las flores (estornudos) y el cesped recien regado.
Llevo dandole vueltas desde que me lo insinuaron. A estas alturas creo que solo pienso a veces en descansar, y no en meterme en lios como si estuviera empezando de nuevo.
"Para lo que vale" ART - 'What's That Sound (For What It's Worth)'
tony
Quizas mañana sabre:
Estare jodido, o muy jodido....
¡o... no!
For What It's Worth by THE FULLERTONS
Bueno la cancion no tiene mucho que ver con todo este lio pero como me gusta la pongo mejor escucharla sin fijarse en la letra que podria parecer que va de eso y en absoluto. Es todo mucho mas frio de lo que parece.
Vuelvo a retomar mis paseos por la Villa, porque si no tendre que comprar ropa nuea y no me apetece nada. Soy acuario y como dicen que los acuarianos no son lo que se dice unos dandis, pues eso que me quedo con la que tengo e intentare bajar una talla.
Hacia una tarde noche maravillosa con una luz especialmente bonita, he vuelto a todos los sitios que fotografie tantas veces y he vuelto a hacerlo. Hoy todo estaba mas salvaje, sera la primavera. Asi la musica, el paisaje y el olor a primavera me han devuelto a esos paseos mios cuando la luz va cayendo y las sombras de la noche realzan las piedras vetustas de mi ciudad vieja.
Me he cargado en el reproductor tres discos de Aphrodite's child, Spooky Tooth y Keane y me los he ido tragando en un decorado diferente para cada cancion. ¿Se puede ser mas feliz en un rato....?
Al llegar a Keane me he tenido que parar un rato porque un pequeño corvido o no tan pequeño, segun se mire, se ha posado sobre la corona del escudo que corona el viejo deposito de aguas frente a Santa Maria la Mayor y ahi me he quedado hasta que se ha cansado y a volado de nuevo a lo alto de la torre.
Una vez, al filo de una lúgubre media noche, mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido, inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia, cabeceando, casi dormido, oyóse de súbito un leve golpe, como si suavemente tocaran, tocaran a la puerta de mi cuarto. “Es —dije musitando— un visitante tocando quedo a la puerta de mi cuarto. Eso es todo, y nada más.”
¡Ah! aquel lúcido recuerdo de un gélido diciembre; espectros de brasas moribundas reflejadas en el suelo; angustia del deseo del nuevo día; en vano encareciendo a mis libros dieran tregua a mi dolor. Dolor por la pérdida de Leonora, la única, virgen radiante, Leonora por los ángeles llamada. Aquí ya sin nombre, para siempre.
Y el crujir triste, vago, escalofriante de la seda de las cortinas rojas llenábame de fantásticos terrores jamás antes sentidos. Y ahora aquí, en pie, acallando el latido de mi corazón, vuelvo a repetir: “Es un visitante a la puerta de mi cuarto queriendo entrar. Algún visitante que a deshora a mi cuarto quiere entrar. Eso es todo, y nada más.”
Ahora, mi ánimo cobraba bríos, y ya sin titubeos: “Señor —dije— o señora, en verdad vuestro perdón imploro, mas el caso es que, adormilado cuando vinisteis a tocar quedamente, tan quedo vinisteis a llamar, a llamar a la puerta de mi cuarto, que apenas pude creer que os oía.” Y entonces abrí de par en par la puerta: Oscuridad, y nada más.
Escrutando hondo en aquella negrura permanecí largo rato, atónito, temeroso, dudando, soñando sueños que ningún mortal se haya atrevido jamás a soñar. Mas en el silencio insondable la quietud callaba, y la única palabra ahí proferida era el balbuceo de un nombre: “¿Leonora?” Lo pronuncié en un susurro, y el eco lo devolvió en un murmullo: “¡Leonora!” Apenas esto fue, y nada más.
Vuelto a mi cuarto, mi alma toda, toda mi alma abrasándose dentro de mí, no tardé en oír de nuevo tocar con mayor fuerza. “Ciertamente —me dije—, ciertamente algo sucede en la reja de mi ventana. Dejad, pues, que vea lo que sucede allí, y así penetrar pueda en el misterio. Dejad que a mi corazón llegue un momento el silencio, y así penetrar pueda en el misterio.” ¡Es el viento, y nada más!
De un golpe abrí la puerta, y con suave batir de alas, entró un majestuoso cuervo de los santos días idos. Sin asomos de reverencia, ni un instante quedo; y con aires de gran señor o de gran dama fue a posarse en el busto de Palas, sobre el dintel de mi puerta. Posado, inmóvil, y nada más.
Entonces, este pájaro de ébano cambió mis tristes fantasías en una sonrisa con el grave y severo decoro del aspecto de que se revestía. “Aun con tu cresta cercenada y mocha —le dije—, no serás un cobarde, hórrido cuervo vetusto y amenazador. Evadido de la ribera nocturna. ¡Dime cuál es tu nombre en la ribera de la Noche Plutónica!” Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”
Cuánto me asombró que pájaro tan desgarbado pudiera hablar tan claramente; aunque poco significaba su respuesta. Poco pertinente era. Pues no podemos sino concordar en que ningún ser humano ha sido antes bendecido con la visión de un pájaro posado sobre el dintel de su puerta, pájaro o bestia, posado en el busto esculpido de Palas en el dintel de su puerta con semejante nombre: “Nunca más.”
Mas el Cuervo, posado solitario en el sereno busto. las palabras pronunció, como virtiendo su alma sólo en esas palabras. Nada más dijo entonces; no movió ni una pluma. Y entonces yo me dije, apenas murmurando: “Otros amigos se han ido antes; mañana él también me dejará, como me abandonaron mis esperanzas.” Y entonces dijo el pájaro: “Nunca más.”
Sobrecogido al romper el silencio tan idóneas palabras, “sin duda —pensé—, sin duda lo que dice es todo lo que sabe, su solo repertorio, aprendido de un amo infortunado a quien desastre impío persiguió, acosó sin dar tregua hasta que su cantinela sólo tuvo un sentido, hasta que las endechas de su esperanza llevaron sólo esa carga melancólica de ‘Nunca, nunca más’.”
Mas el Cuervo arrancó todavía de mis tristes fantasías una sonrisa; acerqué un mullido asiento frente al pájaro, el busto y la puerta; y entonces, hundiéndome en el terciopelo, empecé a enlazar una fantasía con otra, pensando en lo que este ominoso pájaro de antaño, lo que este torvo, desgarbado, hórrido, flaco y ominoso pájaro de antaño quería decir granzando: “Nunca más.”
En esto cavilaba, sentado, sin pronunciar palabra, frente al ave cuyos ojos, como-tizones encendidos, quemaban hasta el fondo de mi pecho. Esto y más, sentado, adivinaba, con la cabeza reclinada en el aterciopelado forro del cojín acariciado por la luz de la lámpara; en el forro de terciopelo violeta acariciado por la luz de la lámpara ¡que ella no oprimiría, ¡ay!, nunca más!
Entonces me pareció que el aire se tornaba más denso, perfumado por invisible incensario mecido por serafines cuyas pisadas tintineaban en el piso alfombrado. “¡Miserable —dije—, tu Dios te ha concedido, por estos ángeles te ha otorgado una tregua, tregua de nepente de tus recuerdos de Leonora! ¡Apura, oh, apura este dulce nepente y olvida a tu ausente Leonora!” Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”
“¡Profeta!” —exclamé—, ¡cosa diabolica! ¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio enviado por el Tentador, o arrojado por la tempestad a este refugio desolado e impávido, a esta desértica tierra encantada, a este hogar hechizado por el horror! Profeta, dime, en verdad te lo imploro, ¿hay, dime, hay bálsamo en Galaad? ¡Dime, dime, te imploro!” Y el cuervo dijo: “Nunca más.”
“¡Profeta! —exclamé—, ¡cosa diabólica! ¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio! ¡Por ese cielo que se curva sobre nuestras cabezas, ese Dios que adoramos tú y yo, dile a esta alma abrumada de penas si en el remoto Edén tendrá en sus brazos a una santa doncella llamada por los ángeles Leonora, tendrá en sus brazos a una rara y radiante virgen llamada por los ángeles Leonora!” Y el cuervo dijo: “Nunca más.”
“¡Sea esa palabra nuestra señal de partida pájaro o espíritu maligno! —le grité presuntuoso. ¡Vuelve a la tempestad, a la ribera de la Noche Plutónica. No dejes pluma negra alguna, prenda de la mentira que profirió tu espíritu! Deja mi soledad intacta. Abandona el busto del dintel de mi puerta. Aparta tu pico de mi corazón y tu figura del dintel de mi puerta. Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”
Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo. Aún sigue posado, aún sigue posado en el pálido busto de Palas. en el dintel de la puerta de mi cuarto. Y sus ojos tienen la apariencia de los de un demonio que está soñando. Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama tiende en el suelo su sombra. Y mi alma, del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo, no podrá liberarse. ¡Nunca más!
se ha posado sobre el monitor de mi ordenador y ha tomado posesión de el como una pequeña Okupa.
Llego un día y ya no volvió a bajarse de ahí y a veces me lleva a paisajes conocidos y ya casi del todo olvidados.
Así sin saber porque esta noche me ha llevado hasta la carretera sinuosa que lleva hasta Plasencia y a pararme en una curva que baja haciendo mil curvas hasta un pequeño riachuelo al que se llegaba (no se si ahora sera igual) a través de un camino de tierra que serpenteaba entre escobas altísimas, tan altas que el pequeño "seiscientos" de segunda, es un decir, al menos era de quinta mano. Casi ni se veía. De hecho podías parar entre ellas y nadie, incluso ni desde arriba de la carretera llegaría a verlo.
Situación maravillosa en mas de una noche de verano con un cielo totalmente estrellado y sin ninguna interferencia lumínica proviniente de la ciudad que quedaba a bastantes kilómetros de ahí.
Era una especie de paraíso para enamorados en el que se podían dejar pasar las horas y rodeado de sonidos de insectos caminando por entre las ramas de la hierba, de los grillos o de las ranas que croaban en el riachuelo cercano.
En fin era un lugar maravilloso al que confieso que yo también fui muchas, muchas veces y donde recuerdo también una triste noche, en la que tome una decisión que de no haber sido así podría haber dado al traste con una vuelta sin retorno (al menos para mi) a París de otra pequeña hadita.
Musicas: Blood Sweat & Tears - I Love You More Than You'll Ever Know
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