
tony
Illusion and Dream

tony
Demasiado soleada para invierno, aun. Pero ha ido pasando sin pena ni gloria como no podía ser menos una tarde de domingo. Cansina como todas, decadente pero engañosa porque aun la primavera no ha llegado y no debería, aun.
Al rato ha entrado Maria y me ha dicho: ¿Te vienes al horno?
Bueno al fin y al cabo eso me sacara un poco del tedio que se me va acumulando en cantidades ingentes amenazando desbordarse de un momento a otro.
Me he tomado un chocolate ruso (creo que tal no existe, pero el marketing es el dios omnipresente en nuestras vidas grises y moduladas. Chocolate negro con un bola de helado de vainilla y algo de canela, esta ultima desparecida), un chocolate negro tal cual, un zumo de naranja, una catalana, un bocadillo de chorizo (titulado ibérico. No tal) y un batido de piña. He pagado doce euros y no se cuantos céntimos y nos hemos dirigido a la salida donde una de esas puertas de hojas de cristal se abren y cierran como por arte de brujería…
Justo entonces aparecen mis amigos y con ellos viene su hijo Daniel y familia. Me ha traído dos discos de un grupo progresivo que reconozco que no conocía, The Tangent.
Hemos hablado unos momentos como casi siempre sobre música, aunque con el seria mas correcto hablar de poesía pero como su padre y yo mismo el también es un aficionado tremendo a la música y siempre los derroteros de nuestras conversaciones van indefectiblemente encaminadas a terminar de esta manera.
Bien, al menos la monotonía de la pesada tarde dominical al fin se ha roto y quizás presagia un final de noche al menos entretenido.
Músicas: The Tangent - Going Off On One
Links:
Konstantínos Kaváfis.
ÍTACA.
Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca
debes rogar que el viaje sea largo,
lleno de peripecias, lleno de experiencias.
No has de temer ni a los lestrigones ni a los cíclopes,
ni la cólera del airado Posidón.
Nunca tales monstruos hallarás en tu ruta
si tu pensamiento es elevado, si una exquisita
emoción penetra en tu alma y en tu cuerpo.
Los lestrigones y los cíclopes
y el feroz Posidón no podrán encontrarte
si tú no los llevas ya dentro, en tu alma,
si tu alma no los conjura ante ti.
Debes rogar que el viaje sea largo,
que sean muchos los días de verano;
que te vean arribar con gozo, alegremente,
a puertos que tú antes ignorabas.
Que puedas detenerte en los mercados de Fenicia,
y comprar unas bellas mercancías:
madreperlas, coral, ébano, y ámbar,
y perfumes placenteros de mil clases.
Acude a muchas ciudades del Egipto
para aprender, y aprender de quienes saben.
Conserva siempre en tu alma la idea de Ítaca:
llegar allí, he aquí tu destino.
Mas no hagas con prisas tu camino;
mejor será que dure muchos años,
y que llegues, ya viejo, a la pequeña isla,
rico de cuanto habrás ganado en el camino.
No has de esperar que Ítaca te enriquezca:
Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje.
Sin ellas, jamás habrías partido;
mas no tiene otra cosa que ofrecerte.
Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado.
Y siendo ya tan viejo, con tanta experiencia,
sin duda sabrás ya qué significan las Ítacas.